Mi experiencia vocacional es sencilla. Desde niña quise mucho a la Virgen y la decía qué quería ser como ella. A medida que fui creciendo, la semilla cayó y fue germinando dentro de mí.
En cuaresma se hacía en los pueblos las misiones, que se llamaban así. Un año fueron unos misioneros franciscanos, y no sé por qué me dijeron que yo también sería misionera yo era muy joven, pero esto quedó en mi como un toque de llamada que de vez en cuando salía y el deseo de ser misionera crecía más.
Me fui a trabajar a una casa en Segovia al lado del Colegio y ese deseo se pasó por un tiempo, no me acordaba más de las misiones pero el amor a la Virgen estaba siempre presente en mí.
Un día de repente dejé todo y me fui a casa para decir a mis padres que quería entrar en el Convento de las Concepcionistas, ellos encantados.
La devoción a la Virgen se lo debo a ellos, en mi casa se rezaba todos los días el rosario. El día 8 de septiembre del año 1961 ingresé en el noviciado de Marcilla.
Siempre fui muy feliz y lo sigo siendo. El deseo de ser misionera fue creciendo más en mi y estando en la comunidad de Segovia destinada me decidí y pedí ir alguna misión y desde entonces estoy en Guinea Ecuatorial, desde el año 1988.
M. Paula Fuentes
M. Paula Fuentes
Religiosa
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